Imagina esto: estás en el norte de Tailandia, llevas varios días entrenando Muay Thai en un gimnasio de Chiang Mai y el aire empieza a oler a incienso. Sigues dando a los pads, estás cansado, reventado a decir verdad. Pero estás feliz porque sabes que esa tarde te toca vivir una de las ceremonias más especiales de Tailandia: el Yi Peng. Una noche donde verás miles de farolillos que comienzan a flotar hacia el cielo.
Un momento único en la vida, y que hay que vivir en el mejor lugar posible: Chiang Mai, la cuna del festival.
Esto es solo un pequeño avance de lo que te espera en nuestro viaje Chiang Mai Exclusive Yi Peng.



El Yi Peng: cuando el cielo de Tailandia se llena de luz
El Yi Peng (o Yee Peng) Se celebra una vez al año, durante la luna llena del duodécimo mes lunar, normalmente en noviembre, cuando el norte de Tailandia se transforma en un auténtico mar de farolillos flotando en el aire y es uno de esos momentos que te hacen mirar al cielo y pensar: “vale, esto no pasa todos los días”.
Miles de personas encienden su khom loi, esos farolillos de papel de arroz, y los dejan subir poco a poco hasta que el cielo entero brilla como si fuera una constelación nueva. Cada uno simboliza dejar ir lo que ya no sirve y atraer cosas buenas. Suena místico, y lo es, pero cuando estás allí lo entiendes sin que nadie te lo explique.
No es una fiesta para sacar mil fotos y marcharte. Es una experiencia que se te mete bajo la piel: la gente riendo, el olor a incienso, los monjes cantando, el calor del fuego en las manos antes de soltar el farol… y de repente, silencio. Todo el mundo mirando al cielo. Y tú ahí, con cara de tonto feliz, pensando: “vale, Tailandia, me acabas de ganar.”

¿Por qué vivir el Yi Peng en Chiang Mai?
Porque Chiang Mai es el epicentro del Yi Peng. Aquí nació, aquí se vive de verdad y aquí todo cobra sentido.
Durante esos días, la ciudad se transforma. Las calles se llenan de luces, los templos brillan, y cada esquina huele a incienso. Los locales preparan ofrendas, los monjes recitan mantras y los niños corren con farolillos en las manos. Todo parece sacado de una película… pero estás dentro de ella.
Si lo vives en otro lugar, puede ser bonito. Pero si lo vives en Chiang Mai, es mágico. La energía aquí es distinta: más espiritual, más auténtica, más… más todo.
Y ahora viene lo mejor: nosotros lo vivimos desde dentro. No en medio del caos de miles de personas empujando para hacer la mejor foto, sino en un evento privado organizado por el gobierno tailandés, en una zona reservada donde todo está cuidado al detalle y donde tendremos farolillos, comida, espectáculos y una noche que recordaremos toda la vida.
Nuestro viaje: diez días entre muay thai y magia
Este no es el típico viaje a Tailandia. Aquí no vienes a unas vacaciones de toda la vida. Esto va de entrenar, de vivir aventuras, de superarte a ti mismo, conocer la cultura desde dentro y descubrir rincones mágicos.
Este viaje es una mezcla de fuerza, cultura y desconexión total: diez días en el norte del país para entrenar Muay Thai, vivir el Yi Peng como un local y acabar descansando en un resort entre montañas que parece de película.



La experiencia completa:
- 7 días entrenando Muay Thai en un gimnasio local de Chiang Mai.
- 1 noche de Loy Khratong y 1 tarde y noche de Yi Peng, el festival más impresionante del país, desde un evento privado.
- 3 días de descanso total en el Panviman Resort, rodeado de selva y tranquilidad.
Durante la primera semana, te vas a sudar la vida. Te levantarás pronto, entrenarás con instructores tailandeses, y acabarás cada día con esa mezcla de cansancio y felicidad que solo entienden los que se vacían haciendo algo que les apasiona.
Y justo cuando crees que nada puede superar eso… llega el Yi Peng. Miles de luces subiendo al cielo. Silencio. Risas. Un instante en el que todo se alinea. Ese día no eres un turista. Eres parte de algo mucho más grande.
Luego, los últimos días, cambias el ring por el silencio de las montañas. Piscina, vistas infinitas, cascadas, yoga y la sensación de haber vivido algo que muy poca gente llega a vivir.


